Coronavirus y Emociones - Fysis - Psicólogo

Óscar Saura Bardají
Psicólogo Col. Nº A-2791

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Coronavirus & Emociones
El brote de coronavirus y las medidas de confinamiento han supuesto un cambio brusco e inesperado en nuestras vidas. De repente hemos visto cómo todos los planes que teníamos y nuestra idea de futuro ha caído como un castillo de naipes. Es momento de reflexionar y replantearse el futuro, pero siempre desde las acciones que podamos llevar a cabo en el presente.
Serge Moscovici, en su obra Psicología de las minorías activas plantea que es necesaria la existencia de un conflicto para que haya un cambio. El conflicto produce incertidumbre y ambigüedad y nos va a generar un estado emocional con una valencia afectiva negativa, que no es lo mismo que emociones negativas, puesto que no hay emociones negativas. Todas las emociones son necesarias y han cumplido una función esencial relacionada con la supervivencia de la especie a lo largo de la evolución. Las emociones siguen teniendo una función esencial.
Una de las emociones que podemos experimentar es la ira. Esta emoción se desencadena cuando la situación produce frustración por la imposibilidad de acceder a una meta importante para nosotros o cuando consideramos que una tercera persona ha vulnerado las normas, recortado nuestras libertades o se ha producido una injusticia. La función de la ira es desarrollar de forma rápida conductas defensivas o de ataque ante este tipo de situaciones y que hagan posible retornar a las condiciones previas a la pérdida o estado aversivo.
Probablemente hayas sentido tristeza y miedo a lo largo del confinamiento y la posterior desescalada. Ambas emociones tienen una valencia afectiva negativa, pero son esenciales. El miedo tiene una función de protección, si tengo miedo al contagio tomaré las medidas necesarias para evitarlo. La tristeza es un decaimiento del estado de ánimo con una reducción de nuestras ganas de hacer cosas, nos cuesta más pensar y razonar, y una sensación de pena o incluso un estado depresivo. Este decaimiento general hace que ahorremos energía, nos focaliza en aquello que provoca la tristeza y favorece la introspección (centrarnos en nuestra propia consciencia y en nuestros propios pensamientos) además de ayudarnos a hacer un análisis constructivo que nos permita valorar de forma pausada la situación y el problema. Como ves, ambas emociones son necesarias y esenciales para ayudarnos a superar la situación y para nada son patológicas ni son un problema. Son parte de la solución.

¿Cuándo pueden ser un problema?
La ira es una emoción básica y cumple una función esencial, el problema es que hay que saber controlarla. Una persona con inestabilidad emocional, baja autoestima y personalidad narcisista es más propensa a experimentar ira y presentar dificultad para controlarla. Cuando dirigimos la ira hacia aquellos agentes que consideramos causantes se vuelve potencialmente peligrosa, especialmente si la evaluación que hacemos de estos agentes es negativa. En este último caso se favorece la expresión de conductas motoras cuyo fin es causar daño o destruir. Cuando a nuestra cólera se suma una actitud previa de resentimiento u hostilidad hacia el agente de frustración, la probabilidad de desarrolla conductas violentas y agresivas es muy alta. Tenemos ejemplos como el apartheid sudafricano y el antisemitismo nazi y las consecuencias derivadas de la interacción de estos tres factores: ira (ante la imposibilidad de lograr un objetivo), hostilidad (ante determinados grupos sociales) y agresividad (conducta para causar daño o destruir).
Sin embargo, cuando la tristeza es intensa y se mantiene durante varios días o cuando no nos permite disfrutar de las pequeñas cosas o darnos un rato para estar alegres. Cuando no podemos dejar de pensar en ello y afecta a nuestra vida diaria (sueño, alimentación…) o cuando el miedo es intenso y nos bloquea, nos cuesta mucho salir a la calle y realizar determinadas actividades, es momento de buscar ayuda profesional para que nos oriente y valorar si puede estar surgiendo alguna complicación o, por el contrario, forma parte del proceso de adaptación.

¿Puedo mejorar mi forma de afrontar la situación?
Las situaciones incontrolables, como esta, producen más tensión que las situaciones sobre las que tenemos el control. Además, ahora podemos sentir mucha incertidumbre respecto al futuro tanto a nivel personal como laboral y económico. No podemos cambiar la situación, pero siempre podemos cambiar y ajustar nuestra forma de enfrentarnos a ella.
Hemos vivido, y estamos viviendo, una situación que ha supuesto una ruptura importante de nuestras rutinas, ha provocado cambios importantes en nuestra vida, restringido nuestras libertades, nuestros planes de futuro se han visto afectados y nos produce mucha incertidumbre respecto a qué va a ocurrir en el futuro. Sin embargo, no podemos modificar nada de esto, por lo que debemos adaptarnos a la situación. No podemos anclarnos en el rechazo y negar constantemente que haya ocurrido tratando de volver a la situación previa. Nuestras vidas no van a volver a ser iguales que si no hubiera ocurrido nada, al menos a corto y medio plazo. Por tanto, tenemos que aceptar la situación y reformular nuestras metas y proyectos, adaptarnos y trabajar para lograr nuestras nuevas metas.
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